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jueves, 13 de mayo de 2021

Mi corazón feraz en ti reposa

Mi corazón feraz en ti reposa,
primera soledad estremecida;
mi corazón, su sed enardecida,
tenso y ávido en ti, muerte amorosa,

sangre final de la primera rosa.
Universo de amor alzó la vida,
creció mi carne, soledad vencida,
en otra carne que danzó, gozosa.

He de volver, amor, a tu alegría,
que esta desnuda voluntad amante
me da la sed, más no lo que me sacia,

y estos labios estériles un día
han de decir tu voz, agua y diamante,
júbilo y llanto, en renovada gracia.



-Octavio Paz

jueves, 4 de enero de 2018

Entre el silencio, tus palabras

Entre el silencio, tus palabras
sonando todavía;
bajo las ramas, cayendo tus palabras
como una lenta luz madura.

Mis brazos rodeando el círculo perfecto,
el hueco, lleno de memorias,
que me deja la ausencia de tu cuerpo.

Así, esquiva, siempre estás presente,
confusa, como un turbio recuerdo de la infancia.



-Octavio Paz.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Las trampas del tiempo.

Sentada  de cunclillas en la cama, ella lo miró largamente, le recorrió el cuerpo desnudo de la cabeza a los pies, como estudiándole las pecas y los poros, y dijo:

--Lo único que te cambiaría es el domicilio.

Y desde entonces vivieron juntos, fueron juntos, y se divertían peleando por el diario a la hora del desayuno, y cocinaban inventando y dormían anudados.

Ahora este hombre, mutilaso de ella, quisiera recordarla como era.

Como era cualquiera de las que ella era, cada una con su propia gracia y poderío, porque esa mujer tenía la asombrosa costumbre de nacer con frecuencia.

Pero no. La memoria se niega. La memoria no quiere devolverle nada más que ese cuerpo helado donde ella no estaba, ese cuerpo vacío de las muchas mujeres que fue.


 

-Eduardo Galeano.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Poema: El Lobo Estepario.

Yo soy, lobo estepario, trotando
por el mundo de nieve cubierto;
del abedul sale de un cuervo volando
y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto.

Me enamora una corza ligera,
en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso;
con mis dientes y zarpas de fiera
destrozara su cuerpo sabroso.

Y volviera mi afán a mi amada,
en sus muslos mordiendo la carne blanquísima
y saciando mi sed en su sangre por mí derramada,
para aullar luego en la noche tristísima.

Una liebre bastara también a mi anhelo;
dulce sabe su carne en la noche callada y oscura.
!Ay¡ ¿Por qué me abandona en letal desconsuelo
de la vida la parte más noble y más pura?

Vetas grises adquiere mi lado peludo;
voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres;
hace tiempo que estoy sin hogar y viudo
y que troto y que sueño con corzas y liebres

que mi triste destino me ahuyenta y me espanta.
Oigo al aire soplar en la noche de invierno,
hundo en nieve mi ardiente garganta,
y así voy llevando mi mísera alma al infierno.