miércoles, 16 de septiembre de 2026

Carta de José María a Maclovia.

Entonces... dígale su buena merce': qué estoy en la escuela pa' merecerla, que cuando voy a pescar, no hago más que acordarme de ella. Que desde que la quero, todo me parece más hermoso.
Teniéndote tan cerca, no puedo verte, el otro día, vi tu sombra, pasó tan junto a mí que la sentí crecer, y metérseme en el corazón, entonces, supe porque dios les dio sombra a nuestros cuerpos. Pa' poder mirar la tuya cuando pasa, Maclovia, y yo siempre, siempre a toda hora, y en todas partes, con los ojos de acá dentro, te veo; y te oigo, en el canto de los pajaritos, en el viento, cuando sopla en la laguna, en el sol, en las estrellas. En todo aquello, en que naiden me puede impedir que te vea y que te oiga. Yo sé, que tú estás muy alta, y que yo no te merezco, pero que culpa tiene el pobre árbol reseco, de enamorarse de la luna, ¿verdad qué duele mucho quererse tanto, Maclovia? Totalmente, como si tanto amor no cupiera en uno, por eso duele. Estoy muy triste, pienso en ti.



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