de latidos y sangre, verdes venas,
donde llamas se tornan azucenas;
más hondo que mi sed por tu hermosura,
donde nacen tu aliento y mi ternura;
más hondo que mi voz, en donde apenas
alza la muda sangre olas serenas;
más hondo que la luz, frontera obscura
donde nace el silencio, la voz muere,
¡qué soledad de luz recién parida!
¡qué blando responder a lo que hiere!,
¡qué desnudo existir sin nacimiento!,
¡qué morir de mi voz, mi lengua ardida,
deshechas mis palabras en tu aliento!
-Octavio Paz.
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